Todo puede ser muy apacible en un viaje,cuando tenes como compañero de viaje a un niño, todo tiene la mirada en pequeño, salimos hacia el lago en una hermosa mañana de primavera, llevamos las cañas de pescar y la canasta,con las viandas.Arriba de un frondoso árbol cantaba un jilgero,mi niño preparaba su caña de pescar, y yo me afanaba en las viandas,porque mi compañero solicitaba ya una buena merienda.
Al cabo de algunas horas la pesca era buena,mi niño ya sentia el cansancio,ydecidimos volver al pueblo muy contentos y alegres,fue una tarde de solaz y buena compañia.
Alicia M Fernandez
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